Debes
alejarte de mí, es suficiente con todo lo que le he causado al mundo, solo
márchate y déjame atrás, debo pagar mi condena, enfrentarme a lo que la
humanidad dice que merezco - Dijo mientras se daba media vuelta y empezaba a
caminar hacia las llamas que consumían el lugar -
¿Y
por qué debo abandonarte, acaso en algún momento intentaste hacerme algún mal?
- Le preguntó al tiempo que tomaba una de sus manos evitando así que este se
marchara -
Nunca
intenté hacerte daño, fue todo lo contrario, siempre quise cuidarte de todo
aquello que te rodeaba y pudo haberte herido, pero estuve ahí, entre tú y esa
maldad, recibiendo todo el daño que quisieron hacerte, es por eso que este es
mi aspecto - Era difícil ignorar aquellas marcas que sobresalían en su cuerpo,
su piel ahora oscura y su rostro cortado lo hacían ver tenebroso, mientras que
de sus manos se deslizaba una que otra gota de su sangre roja que se evaporaba
antes de caer al suelo -
Es
por eso que te pido que te quedes, no importa lo que los demás piensen de ti,
para mí siempre serás mi guardián - apretó su mano y con la poca fuerza que
tenía lo haló intentando hacer que se acercara - pero ante todo siempre serás
mi amigo.
Al
sentir como le apretaban la mano se detuvo y giró el rostro para ver la pequeña
figura que intentaba evitar que se marchara - ¿Aun cuando sabes que siempre
existirá la posibilidad de que no pueda controlar la maldad que hay en mí y
pueda llegar a ponerte en peligro? aun sabiendo eso... ¿Quieres que me
quede?
Claro
que quiero que te quedes - Sonrió apoyando la mano de la criatura en su mejilla
frotándola suavemente - Sabes - se quedó pensando unos segundos con la mirada
fija a la luna que se veía a través del cristal de la ventana - He vivido lo
suficiente como para darme cuenta que todos llevamos maldad en nuestro interior...
es nuestro deber mantenerla a raya y hacer de ella una fuerza para hacer algo
bueno, como tú lo has hecho conmigo.
Al
escuchar sus palabras no pudo evitar cerrar los ojos con fuerza y empuñando su
mano libre golpeó varias veces una de las paredes del recinto - ¿Cómo puedes
decir que has vivido lo suficiente? Mírate, no tienes más de 10 años y siempre
dices cosas tan sabias y yo que he vivido miles aún no he podido entender
aquello que con tanta facilidad puedes ver.. - Mientras hablaba sintió como
alguien iba acercándose al lugar donde se encontraban - No tenemos más tiempo y
es mi culpa que ahora estés aquí, pero, no te preocupes encontraré la manera de
que escapes.
Quieres
decir escapemos, ¿no? - Musitó vacilante mientras se aferraba a su guardián -
porque no pienso irme de aquí sin ti.
Sí,
eso mismo quise decir, sabes que no te abandonaría por nada - Dijo de la manera
más tranquila posible para así de un salto atravesar la ventana, ahora mientras ambos caían podían
ver cómo la luz de la luna lograba crear una sin fin de pequeños rayos de luz
debido a los cristales que iban cayendo junto con ellos, era una vista hermosa,
podían ver casi la ciudad por completo desde esa altura, en el camino hacia el
suelo bajó un poco su rostro logrando ver en el rostro del niño esa sonrisa que
le recordaba el por qué hacía lo que hacía, a su mente venían todas aquellas
razones por las cuales desafió lo que estaba escrito en el libro del destino,
el por qué abandono esa tierra de seres divinos
para volverse ahora un ser caído en las sombras
-
será como siempre ha sido tú, yo... y. - antes de poder terminar la frase
desplegó sus alas aferrándose más al niño- todas aquellas obras de arte que nadie más ha
podido admirar.. - lentamente se dejaba llevar por las leves corrientes de aire
que pasaban por la ciudad elevándose cada vez más dejando ver así como todo a
la lejanía se encontraba sumido en la oscuridad –
Dime
Bako, ¿crees que algún día volvamos a ver esta ciudad como era antes? –
Preguntó el niño mientras bajaba la mirada y apoyaba su rostro en el pecho de
su guardián – es difícil creer que todo esto haya ocurrido en menos de un año.
No
lo sé Lyon, solo lo sabremos al llegar a nuestro destino, recuerda que eres tu
quien decide como terminar nuestros días – Sonrió un poco al sentir el cálido
rostro del niño sobre su pecho y continuó volando toda la noche hasta que
pasadas varias horas llegaron a la orilla del mar donde un pequeño bote los
esperaba, se podía ver como el cielo iba tornándose poco a poco de un color
celeste mientras los primeros rayos del sol dispersaban la oscuridad que los
rodeaba – se acerca la hora, recuerda ocultarte bien, pase lo que pase no te
detengas y si sientes que algo no va bien, ocúltate hasta que vuelva a caer la
noche.
¿Volverás
cierto? – preguntó preocupado mientras con gran esfuerzo se subía al pequeño
bote – no quiero estar solo, no quiero perderte, Bako! Dime que volverás! –
Gritaba mientras su bote empezaba a alejarse de la orilla y se adentraba en el
mar – Bako!
Claro
que volveré Lyon, ¿te lo prometí no? Siempre cumplo mis promesas – Entrecerró
los ojos sonriendo mientras se giraba dándole la espalda al mar, ahí Lyon pudo
ver como la espalda de Bako se encontraba rasgada por cristales y metales que
se habían incrustado en su piel – Ahora sigue adelante y no voltees, confío en
ti – musitó al mismo tiempo que corría en dirección a la ciudad desde donde
venían un sinfín de aberraciones, ahí con un fuerte grito que lo llenaba de
valentía, Bako se lanzó a la batalla.
Para
Lyon fue inevitable el mirar atrás sabiendo que allá en la playa se encontraba
su fiel amigo dando su vida para salvarle, de lo que sucedía solo alcanzaba a
ver como varias criaturas eran lanzadas por los aires y como Bako recibía cada
vez más golpes hasta que llegó un punto en el que cayó de rodillas al suelo, el
corazón del pequeño niño se detuvo por un instante mientras, su respiración se
cortó por completo y sus ojos se volvieron cristalinos en cuestión de segundos,
ahí supo que la suerte de Bako había acabado, en medio de lágrimas estiró sus
manos en dirección de su amigo que ahora se encontraba tendido en la arena y
con toda su alma deseo estar junto a él, fue en ese momento donde una luz se
desprendió de Bako y como si de una estrella fugaz se tratase viajó de la arena
hacia los brazos de Lyon donde se convirtió en un pequeño muñeco negro – Ahora
yo cuidaré de ti, hasta que puedas regresar. – musitó abrazando con fuerza el
muñeco.
Ahora
Lyon se encontraba frente a un viaje inevitable, su rumbo era totalmente desconocido,
pero solo tenía algo en mente y era el hecho de volver con su amigo y guardián
Bako, quien le mostraría el camino para devolver a su estado natural todo
aquello que había conocido.
Pero
sin importar cuantas dificultades pudiese tener el camino, no abandonaría su
objetivo, pues detrás de ese pequeño niño de 10 años, estaba la esperanza de
que al final de su viaje pudiese disfrutar de la vida que un niño de su edad
debería tener, jugar hasta el cansancio, leer historias, tener una familia,
pero ante todo vivir su vida junto a su amigo Bako.
“Sin duda lo lograremos”
